Gustavo contaba en su blog la historia de las 10 cartas que Kafka escribió a una nena que encontró llorando porque habia perdido su muñeca y a la que consolaba diciéndole que se habia ido de viaje.
Las cartas se perdieron y Guy Davenport, al parecer, las reescribió, como se imaginaba que las hubiera escrito Kafka. Se las pedí, me las mandó,nunca llegaron. Y ahora las escribo yo misma. Voy por la IV y estoy extrañando a Gustavo. Él se reserva ya toda crítica.
Carta I: Muchas de nosotras
Llorabas porque creías haberme perdido; te llevarías una sorpresa si vinieras.
Algunas de nosotras se recuestan en los estantes y en las vidrieras y creo
que atrás del mostrador hay más, cada una en una caja de colores, puestas una
sobre otra y alineadas cuidadosamente.
Día a día vienen niñas, tomadas de la mano, y nos miran
anhelantes, pero de todas maneras nunca eligen la primera ni la última, son caprichosas, antojadizas, señalan de pronto
a una cualquiera.
El sol aclara un poco la cinta de mi sombrero; el
Repositor nos acomoda rápidamente, la
hilera no se interrumpe, no quedan huecos ni diferencias
Si entraras de golpe yo también pensaría ¡elegime a mi!.
No he cambiado nada, pero es que somos
tantas. Y la cinta descolorida, si es que llegaras a verla, tal vez fuera un
obstáculo, tal vez te decidieras al fin
por alguna otra de nosotras.
Soy distinta, porque he podido salir a pasear, caminar y llegar hasta aquí; eso le ha resultado interesante al Repositor
y lo ha comunicado a la Fábrica. Pronto
cada niña tendrá una muñeca a la que podrá permitirle salir de vacaciones.
Carta II: La colina
Ahora estoy sentada en lo alto de una colina y mi pelo
crece y se desliza hacia abajo. Cuando llegue al mar, las puntas humedecidas
por las olas entrarán en los caracoles que se arrastran por la playa, se
hundirán en lo profundo, alcanzarán el animalito que se oculta en el fondo. Le
harán cosquillas.
Insectos minúsculos que habitan en la tierra
intentan subirse, pero la trayectoria del pelo es incierta,
cambia con la brisa y las patitas resbalan una y otra vez.
Si levantas la vista, mas allá del surco sobre el que se
inclinan los campesinos verás mi pelo extenderse como una fina red en el aire.
Las mariposas se enredan, agitando sus patitas, tres para aquí, tres para allá.
Te bastaría asirte de una sola hebra, dondequiera que la
encontrases y emprender el camino; si la tuvieses suficientemente apretada y la
fueras deslizando entre tus dedos te conduciría hasta aquí... ven, mi pequeña
niña perdida.
Carta III: Papel
Muñeca, muñequita delgadísima como yo. Un hábil golpe de
tijera, y ya está, es mi silueta, recortada en papel de seda negro. Va en el
sobre y si chasqueas los dedos sobre el
vestido, se abre la falda y se despliega un sin fin de otras iguales a mi.
También tú eres una y muchas, y puedes bailar, tomada de la mano contigo misma; una ronda
interminable que gira de prisa, cada vez más rápido, hasta ser apenas una
sombra que se desliza bajo el umbral de la puerta, cuando por la mañana entra
el sol a tu casa.
Carta IV: Susurros
Mi voz se ha roto, muñeca mía, mi voz se ha roto por
dentro.
Tres rueditas dentadas se han alzado hasta mis labios, se
han deslizado colina abajo, llevándose mis cinco palabras, nacidas de su girar
entrelazadas.
Hundida en la tierra, mi voz se ha separado y confundido.
Mira, un enjambre se agita en torno a ella sin comprender nada.
¿Qué podría ahora decirte, si acaso me encontraras?. He
salido de paseo y volveré en silencio. Cuando apoyes tu cabeza sobre mi pecho
escucharas apenas el murmullo profundo de mi corazón o el tuyo.
Últimos comentarios